miércoles, 2 de febrero de 2011

Ecos lejanos de mundos invisibles

Fotografía © Minerva Pictures/ www.flickr.com

Las jovencitas saben que pueden ser violadas. Por eso, antes de emprender el viaje se inyectan anticonceptivos hormonales por vía intravenosa, que las protegerán del embarazo pero, claro está, no de las infecciones ni mucho menos de la muerte. Las niñas no lo saben y sueñan con encontrar al final de esa oscura travesía el gran acuario que han visto por televisión. Pero sus padres sí y también las inyectan. Miles de niños y jóvenes se enfrentan cada año a secuestros, violaciones y asesinatos al intentar cruzar las fronteras de México, ilusionados con hallar en los Estados Unidos una vía de escape a la miseria. Lo espeluznante es que la gente acepta con pasmosa resignación el que esa gran ilusión pueda acabar finalmente en tragedia y en una fosa común, sin que a nadie le importe. 

Estremecedores testimonios de todo esto pueden hallarse en el video llamado Los Invisibles, producido por Marc Silver y Gael García Bernal, el conocido actor mexicano, difundido por Amnistía Internacional. Estos migrantes son, en efecto, invisibles, pues a pesar de ser miles y padecer esta tragedia a diario, el resto de la sociedad no se da por enterada o, al igual que ellos mismos, se ha habituado tanto a convivir con ella que ya es como si no existiera. 

El tema no es nuevo. En realidad, la lista de los invisibles es muy antigua y bastante extensa. Invisibles son, por ejemplo, los 15 mil peruanos que han muerto en accidentes de carretera en los últimos 5 años, producto del pésimo sistema de transporte que existe al interior del país. Sus usuarios aceptan la posibilidad de la muerte con naturalidad y siguen subiéndose a vehículos en cuyo mantenimiento nadie invierte un centavo, poniendo su vida en manos de choferes inexpertos e indocumentados que se desbarrancan cada semana. Es eso o nada. 

Invisibles son los casi 50 mil adolescentes que pese a vivir en Lima y estar en edad de cursar la secundaria, no asisten a ninguna escuela. Si sabemos que la educación escolar no les posibilita las capacidades que necesitan para afrontar la desocupación o un empleo precario a razón de 0.80 centavos de dólar la hora, la falta de ella les dejará aún más desarmados ante la pobreza y la tentación de la ilegalidad o la violencia. El sistema educativo formal no tiene nada que ofrecer a estos muchachos y jamás le ha interesado tampoco acomodarse a sus posibilidades. Demás está decir que la llamada «educación alternativa» dirigida a quienes no pueden asistir a clases regulares es la modalidad en la que menos invierte el Estado peruano y cuya calidad nadie supervisa. O lo toman o lo dejan. 

Invisibles son también las más de 60 mil adolescentes que se embarazan cada año, sólo en la ciudad capital. Los dramas de cada niña son su problema y la única respuesta que suelen recibir de parte de sus maestros es la separación del colegio, además de la censura moral. En el mejor de los casos, la autoridad educativa repartirá libros sobre sexualidad que les enseñen las diferencias anatómicas entre hombre y mujer, sin avanzar más allá por temor a la reacción eclesiástica; o se pondrá de lado para que el Ministro de Salud se haga cargo. Las niñas tendrán que aceptarlo y marcharse a casa o acabar en una clínica clandestina. 

La política educativa, más allá de la insufrible y vacía retórica oficial o la emisión de normas que después se incumplirán sin que nada pase, no tiene respuestas para ellos. Son los invisibles y tendrán que aceptar que la exclusión, la frustración y la indiferencia son la otra cara de su derecho a educarse, contra la que no hay vacuna disponible. Aunque quizás sí. Podríamos probar con una política pública auténticamente interesada en las personas antes que en la imagen, el beneficio político y los pequeños intereses de las autoridades de turno. 


Luis Guerrero Ortiz
Publicado en el Blog El río de Parménides
Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio (CNR)
Lima, viernes 04 de febrero de 2011

2 comentarios:

rosangel25 dijo...

Muchos problemas por resolver en el panorama pero empecemos por brindar la EDUCACIÓN INTEGRAL esperada.
Los niños y niñas no solo necesitan de los conocimientos para que los memoricen en el momento y después los olviden, requieren de un aprendizaje significativo, de algo que les sirva de utilidad para su vida misma y poder alcanzar el éxito.
Como usted dice no basta con la identificación de su sexo sino con orientar su sexualidad. Tienen curiosidad y bastante información de sus coétaneos pero en el aula hablar de esto pareciera que careciera de importancia o acaso está prohibido? como los ayudamos entonces?
Asi tambien no basta con saber el funcionamiento del sistema digestivo, necesitan saber las consecuencias que les puede traer comer a deshoras y de no comer sano para no contraer enfermedades como el cáncer.
En fin un montón de NO BASTA...
Si el cambio no viene de arriba empecemos por el cambio en las aulas y tenemos la mejor herramienta que es nuestra VOCACIÓN!

Luis Guerrero Ortiz dijo...

Estoy de acuerdo, son demasiados los aspectos en los que no basta lo que el sistema les ofrece a los niños y a los adolescentes. Para empezar, no basta con enseñar, y muchas veces tampoco basta con aprender. Lo que la (buena) educación debería permitirnos no es sólo saber más cosas sino crecer, crecer en nuestra capacidad de pensar con libertad y creatividad, de afrontar la vida sin perder nuestra salud emocional, de vincularnos con los demás sin utilizarlos y sin dejarnos usar por nadie, de tener metas y de construirles un camino con perseverancia y sin pasar por encima de los demás. Pero los chicos son invisibles y por eso es que el día que dejan de venir al colegio para no regresar ya más, ni sabemos por qué habrá sido. En todo caso, sabemos que ese no es problema nuestro. También concuerdo en que más allá de lo que deba venir desde arriba y que debamos exigir como derecho, el único cambio genuino en educación es el que brota de la convicción de los maestros. Punto para ti.