jueves, 14 de julio de 2011

La política educativa viaja a Marte

Fotografía © rmd1023/ www.flickr.com

En julio de 1997, un artefacto de fabricación humana desciende por primera vez a la superficie de Marte y la recorre transmitiendo imágenes e información en tiempo real. La Mars Pathfinder fue la primera misión espacial lanzada a Marte con un vehículo robótico de exploración, llamado Sojourner. La nave llega a su destino tras 7 meses de viaje, llevando diversos instrumentos científicos para analizar la atmósfera, el clima, la geología y la composición de rocas y suelo. El Sojourner, muy parecido en forma y tamaño a un camioncito de juguete a control remoto y cuya fuente de energía era un pequeño panel solar, cargaba un Espectrómetro de rayos X Alfa Protón, útil para analizar la composición de las rocas y el suelo, así como dos cámaras, en blanco/negro y a color, para realizar investigaciones geológicas de la superficie desde distancias muy próximas o bastante alejadas. La plataforma de aterrizaje, además, tenía instrumentos que la convertían en una estación meteorológica. 

No era la primera vez que aterrizaba en suelo marciano una nave capaz de transmitir información desde allí. La primera fue la soviética Marsnik III en 1971, y luego las Viking 1 y 2 en 1976. Pero los científicos de la NASA querían demostrar que era posible diseñar naves más rápidas, mejores y más baratas, capaces de enviar una carga de instrumentos científicos a otro planeta bajo un sistema simple y menos oneroso. El objetivo se cumplió en julio de 1997. La Mars Pathfinder fue una hazaña producto de una visión y una determinación, así como de un esfuerzo interdisciplinario por simplificar respuestas, sin dejar de reconocer la enorme complejidad del desafío ni el alto nivel de especialización que requería arribar a soluciones más sencillas pero a la vez más eficaces al problema planteado. 

Ahora bien, cuando hablamos de problemas que no están en el campo de la física, la astronomía o la ingeniería electrónica, sino de la educación y la formación humana, aludimos a situaciones de una complejidad diferente, no menos exigente en su necesidad de respuestas sólidas y efectivas, por más simples que necesiten ser sus respuestas y no menos urgidas de una clara visión y determinación. 

El drama, para desprestigio de las políticas educativas respecto de las aeroespaciales, es que tendemos a obrar a la inversa, es decir, a simplificar nuestra explicación del problema sólo para hacer economía con las respuestas. Eso significa rebajar las exigencias en el diseño de la solución, relativizando la necesidad de abordar todas sus dimensiones y desatando un fenómeno muy conocido: un Estado que moviliza recursos públicos importantes, ejecuta diversas acciones y las publicita con énfasis, sabiendo que no le alcanzarán para resolver el problema, pero sí para crear la ilusión de lo contrario. Es como si a la NASA no le importase tanto aterrizar de verdad en Marte, como hacer que la gente lo crea.

El Ministerio de Educación diseñó hace tres años un programa dirigido a elevar los bajos niveles de aprendizaje en la escuela rural. El Ministerio de Economía le demandó identificar primero los factores que explicaban el problema, a fin de darle sustento a lo que se proponía hacer. Es así como se señalan 9 causas: una educación inicial escasa, débil compromiso de las familias, ausencia de acompañamiento a la labor docente, insuficiente material educativo, limitadas capacidades del director, falta de un sistema de información y seguimiento, deficiencias en la planificación curricular, mal mantenimiento de la infraestructura educativa y déficit en las capacidades matemáticas y lingüísticas de los docentes. 

Si bien estas explicaciones han sido objeto de controversia por el discutible rigor con que fueron construidas, asumamos por un instante que son válidas y veamos cómo se abordaron. Al inicio del 2010, la mayor parte del presupuesto del programa fue para el incremento de la Educación Inicial, pero no financió exactamente la ampliación de servicios sino el pago de honorarios y obligaciones sociales de docentes en ejercicio o la compra de materiales para sus aulas. El resto tuvo un destino irregular, pues unos componentes recibieron bastante más recursos que otros y algunos nada. 

Por añadidura, salvo el acompañamiento pedagógico, la única novedad interesante, los pocos componentes con recursos: capacitación docente, evaluación de estudiantes, materiales e infraestructura son funciones habituales del Ministerio que se agregan sólo nominalmente y se siguen gestionando como siempre: de manera aislada, sin mayor preocupación por su convergencia real con acciones y objetivos comunes. Ha sido entonces como enviar el Sojourner a Marte sin instrumentos de medición debido a recortes presupuestales, y sin que la Misión Mars Pathfinder, pese a su envergadura, provocase mayores cambios en las rutinas tradicionales de los científicos de la NASA. 

Resolver problemas estructurales en la educación pública requiere visión y determinación en el emprendimiento perseverante de soluciones integrales. Programas importantes como el que menciono necesitan corregirse y gestionarse de otra manera, o el viaje a Marte terminará en tragedia. 


Luis Guerrero Ortiz
Publicado en el Blog El río de Parménides
Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio (CNR)
Lima, viernes 15 de julio 2011