lunes, 2 de mayo de 2011

Ochenta años de Educación Inicial

Fotografía © Rodrigo M/ www.flickr.com

Sin duda alguna, 1999 fue un año de gran expectativa en el país y en todo el planeta. Era el último del siglo XX y el ansiado umbral del tercer milenio de la era cristiana. Año de balances y esperanzas, de pronósticos y buenos deseos. Uno de esos anhelos era la universalización de la educación inicial en el Perú, una promesa gritada a los cuatro vientos en 1990, durante la Conferencia Mundial Educación para Todos convocada por UNESCO. 

Ese año, justamente, el 53,4% de niños de 3 a 5 años de edad estaban recibiendo educación inicial el Perú. Diez años después, el 2009, esa proporción subió al 66,3%. A simple vista, cualquier cifra que se mueve hacia arriba debiera ser siempre un motivo de celebración. Una mirada más a profundidad de este fenómeno, sin embargo, suscita preocupaciones bastante serias. 

Para empezar, hemos demorado una década en subir 13 puntos el promedio nacional, a un ritmo de 1,3% anual. A ese paso, la universalización de la educación inicial, una meta que el propio Ministerio de Educación se ha propuesto lograr para el 2021, se lograría en realidad el año 2037. Habría que esperar, entonces, un cuarto de siglo más. 

Pero eso no es todo. En 1999 la atención educativa a niños de 3 a 5 años llegaba al 57% en las ciudades y a 48,7% en las zonas rurales. En una década, esa distancia se ha multiplicado escandalosamente. El año 2009 la cantidad de niños de 3 a 5 años atendidos educativamente en las ciudades llegó a 74,5%, pero sólo a 55% los atendidos en las zonas rurales, a pesar de tener el mismo derecho y, al mismo tiempo, mayor necesidad. 

Ahora bien, también hemos cerrado la primera década del siglo XXI con un serio problema de calidad. El año 2007 había más de 14 mil establecimientos públicos de inicial para niños de 3 a 5 años, pero 3 mil de ellos eran Programas No Escolarizados (PRONOEI), una modalidad de atención que atiende a la población más pobre y en la que, paradójicamente, el Estado invierte una cantidad irrisoria del presupuesto público. Pues bien, entre el 2007 y el 2009 los jardines públicos escolarizadas se incrementaron de 11,400 a 12,100. Los no escolarizados, sin embargo, en cuya infraestructura, mobiliario y equipamiento el estado no gasta nada, han llegado ya a 13,300. 

Este fenómeno recorre todo el país, no sólo las zonas alejadas. Nada menos que en Lima Metropolitana, la opulenta ciudad capital, existen 1,225 servicios educativos públicos que atienden a niños de 3 a 5 años, pero el 37% son de modalidad no escolarizada. La educación inicial pública que crece en el Perú, es la que funciona en las condiciones más precarias. 

El año 2010, el Ministerio de Educación asignó 852 millones de soles como presupuesto de apertura para el incremento del acceso a la Educación Inicial. El 2011, el monto asignado ha sido sólo 6.5 millones de soles y está destinado únicamente a actividades de asesoramiento a las regiones sobre cómo gestionar administrativamente la ampliación de la cobertura. Se ha previsto una cantidad para financiar la incorporación de nuevos docentes, pero no para crear o ampliar infraestructura ni equipamiento, ni para mejorar la capacidad de gestión en los diferentes niveles de gobierno. ¿Qué calidad de educación inicial es la que estamos ofreciendo?

La Educación Inicial en el Perú está celebrando sus muy respetables 80 años de vida. Con esta ocasión, no habrá nadie que se atreva a discutir su valor, su importancia, su necesidad. Sin embargo, a la luz de las cifras presentadas y que hemos recogido del primer boletín del Infobarómetro de la Primera Infancia, una iniciativa del movimiento ciudadano Inversión en la Infancia, técnicamente elaborada por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, el mejor homenaje que podría recibir, más allá de los consabidos elogios que ninguna autoridad le regateará, es una garantía: 

Que su ansiada y prometida universalización no se seguirá haciendo a costa de una inaceptable disminución del promedio de inversión pública por niño, ni sacrificando de ese modo la calidad de atención a la que todos los niños tienen derecho, incluso y sobre todo los más afectados por la pobreza. 


Luis Guerrero Ortiz
Publicado en el Blog El río de Parménides
y en el Portal Web de Inversión en la Infancia
Lima, viernes 29 de abril de 2011