jueves, 26 de agosto de 2010

¿Formar élites o formar ciudadanos?

Fotografía © Antonio Marin Segovia/ www.flickr.com

Teresa es madre de seis hijos, todos matriculados en escuelas públicas. Ellos hacen lo mejor que pueden, combinando estudio y trabajo con admirable empeño, pero es Raymundo, el mayorcito, quien trae siempre las mejores notas del colegio. La educación que reciben es francamente mala, así es que Teresa no sabe si las buenas calificaciones de Raymundo reflejan lo mucho que aprendió o son producto del facilismo de un profesor indolente. Pero ella es responsable de la educación de sus hijos y sabe que está en sus manos hacer algo al respecto. Es así que un buen día, echando mano de sus ahorros, decide trasladar a Raymundo a un colegio privado de categoría, le compra una computadora, un escritorio, decenas de libros y hasta lo inscribe en clases de inglés. A sus cinco hijos restantes les dice que si se esfuerzan como su hermano, «más adelante» hará lo mismo por ellos. Teresa se siente orgullosa de esta decisión, pues cree que sus vecinos, que siempre la juzgan, van a empezar a admirarla y envidiarla por tener al menos un hijo prodigio.

Este parece haber sido el razonamiento torcido y falaz que ha llevado a invertir más de 300 millones de soles en reconstruir 21 Grandes Unidades Escolares en la ciudad de Lima, equipándolas con servicios e instalaciones diversas y con tecnología de punta. Dos de ellos, se ha anunciado hace poco, estrenarán incluso la jornada escolar completa, aumentando a nueve las horas de clases. Uno de los argumentos para justificar el privilegio de una inversión tan alta en un número tan reducido de escuelas, situadas además en sectores urbanos medios de la ciudad capital, es que el desarrollo del país requiere de élites altamente calificadas. 

El actual gobierno de Chile se ha propuesto crear 50 Liceos de excelencia en todo su territorio, dirigidos a los alumnos más talentosos de cada región. Ahora bien, el debate de esta medida que propició recientemente un grupo de universidades chilenas, resulta sumamente ilustrativo para nosotros y no debiera pasar desapercibido. Una de las objeciones que allí se ha hecho, por ejemplo, es que la estrategia en que se basa esta iniciativa no consiste en elevar sustantivamente las capacidades formativas de los colegios, sino en escoger a los mejores. Esto de por sí va a mejorar resultados, al margen de la calidad de la educación que ofrezcan, y va a profundizar el carácter históricamente excluyente de la educación secundaria. 

Una segunda objeción es que la salida de los mejores alumnos de sus colegios de origen va a afectar académica y emocionalmente al resto de sus compañeros. Está demostrado que los alumnos de mejor rendimiento pueden aportar mucho a la calidad de la experiencia educativa de todos. Sacarlos de allí es dejarlos no sólo descremados sino desmoralizados, induciendo de paso a los maestros a bajar sus niveles de exigencia en la enseñanza y la evaluación. La tercera objeción es que nada de lo que allí pudiera hacerse de bueno servirá para contagiar al resto de escuelas del país -como también han dicho nuestras autoridades- pues ninguna otra goza de los privilegios de estos súper colegios, ni tiene alumnos tan escogidos. 

Miguel Saravia recordaba hace poco una estupenda cita de Luis Alberto Sánchez, evocando debates de inicios del siglo XX: «Los teóricos de la educación nacional se ha dividido en dos sectores: los que buscan formar élites humanistas y los que quieren formar élites técnicas. Al margen del debate han quedado los que propugnan formar ciudadanos». Justamente, los colegas chilenos cuestionan los colegios de excelencia pues pretenden convertir el rendimiento en un factor de privilegio y discriminación, perjudicando la equidad y la cohesión social, con graves consecuencias culturales en la formación de la ciudadanía. ¿Has escuchado Teresa? 


Luis Guerrero Ortiz
Publicado en el Blog El río de Parménides
Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio (CNR)
Lima, viernes  de 2010

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen articulo Luchu, coincido contigo en todo. Un abrazo
Ivan Montes

cesar dijo...

Estoy de acuerdo con tu posición sobre el tema. Creo que la obligación del Estado y de los Gobiernos de turno es formar ciudadanos integrales, donde la escuela juega un importante rol. Por tanto, si todos los niños y niñas deben aspirar a ser ciudadanos de primera, por ser su derecho, el Gobierno no debe promover las discriminaciones, porque sólo contribuye a seguir incrementando la brecha de la inequidad.

César Saldarriata

elvisam dijo...

Me parece siempre interesante tus artìculos Lucho, porque siempre refrescan como estamos en educación en el paìs. Màs bien quiero compartir, mi preocupaciòn por la sra. Teresa, quièn en su derecho a ser informada en lo que el sector educativo debe ofrecer para garantizar el acceso a la educaciòn de sus hijos en su tottalidad, tiene que seleccionar en priorizar la educación de su "hijo màs talentoso" y perder de vista a los demàs. Creo que de ella no es la culpa, si sòlo cuenta con la variable que trasmite el gobierno de que sòlo los talentosos tendràn oportunidades, entonces de que derechos estamos hablando, porquè ella no sabe que todos sus hijos tienen derecho al acceso y a la calidad en su educación. Y bueno, desde la familia, sigue siendo preocupante que sòlo tenga que ser la preocupaciòn de la madre y no del padre por ejempl; en este punto tal vez una invitaciòn a mirar a los agentes del entorno familiar de las y los niños.
Gracias por el espacio, siempre motivando a la reflexión, cariños!!

Marco Bassino dijo...

Todo país necesita de elites humanistas, artísticas, científicas y técnicas. El Estado ha abdicado por décadas a formarlas. Ha condenado a miles de niños y niñas de nuestro país, que no tienen los recursos para pagar una educación de alta calidad, a la ignorancia, adormeciendo y anulando sus potencialidades. Cuánto ganaría el Perú si de los estratos más humildes comenzaran a surgir los nuevos científicos que necesita nuestro país, los nuevos humanistas preparados y honestos, los nuevos técnicos y artistas. De ninguna forma quiero con esto insinuar que los colegios renovados por este gobierno y las computadoras van a hacer esto posible. Sólo quiero subrayar que sí debemos formar elites y que, por una perversa inacción del estado, estas provienen sólo de las familias que pueden pagar una educación de alta calidad. Eso no sólo es inequidad, es antidemocrático.

Luis Guerrero Ortiz dijo...

Gracias Iván, hemos coincidido varias veces en el esfuerzo de mostrar el fondo perverso y discriminador de esta inversión millonaria en los colegios emblemáticos; y tienes razón César, Iván ya lo dijo en uno de sus artículos: este proyecto sólo sirve para aumentar las brechas en educación urbana y rural, entre la educación pública de Lima y la que ofrece el Estado en el resto del país, entre sectores socieoeconómicos medios y bajos.

Por otro lado, estoy de acuerdo contigo Marco en la necesidad de formar élites dirigentes bien educadas, pero dando mejores oportunidades a los que están abajo y más atrás, no a los que están adelante y en mejores condiciones sociales, así se trate de la misma educación pública. Si mejoras abajo, mejorarás arriba. Lo contrario es más fácil y más rápido, no necesariamente más costo efectivo en el largo plazo, porque le estás dando al país una Población Económicamente Activa pobremente educada, como sustento de cualquier empeño desarrollista emprendido por las elites dirigentes mejor intencionadas.

Ahora bien, es muy interesante la reflexión que propones Elvira sobre el caso de Teresa, una metáfora que puede leerse de varias maneras. Teresa es una señora de limitados ingresos, probablemente sola y también víctima de la mala educación, por eso no le es fácil distinguir en qué es mejor invertir sus ahorros para que todos sus hijos puedan mejorar, y con criterio pragmático prefiere sacrificarlos para beneficiar al que parece tener más perspectivas. No es el caso de un Ministro de Educación o un Presidente, razón por la cual resulta mucho más grave que razonen de una manera tan estrecha. Teresa quizás no sea conciente del perjuicio que les causa a los hijos que margina de su apoyo. ¿Los otros tampoco?

Gracias por escribir!

ROBERTO BARRIENTOS dijo...

Muy bien, Lucho.
ademas es un reconocimiento del fracaso del estado, como decir:como no puedo mejorar la educación de todos, lo haré para un grupo reducido.
te recomiendo el libro de David Hopkins "cada escuela, una gran escuela", algún día lo cumpliremos.

stefania dijo...
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